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¿Quienes somos?

Somos una institución defensora de los derechos humanos creada en 1995,  para  luchar   desde  una    perspectiva   integral contra    la   persistencia en el país de prácticas de Tortura,  tratos   crueles, inhumanos o degradantes.

Del 27 de junio al 01 de julio de 1994 se desarrolló en Honduras el primer Seminario de capacitación sobre Tortura y Derechos Humanos a través de la  iniciativa de organizaciones populares, el Comisionado Nacional para la Protección de los Derechos Humanos CONADEH, con el apoyo del Rehabilitation and Research Centre for Torture Victims (RCT) y el International Rehabilitation Council for Torture Victims (IRCT)  de  Dinamarca y otras organizaciones de la sociedad civil. Este evento marcó un hito histórico en el país porque es por primera vez que se reconoce en forma abierta por algunas dependencias del Estado la existencia de la tortura y por otra parte se discute en un seminario con representantes de las Fuerzas Armadas la práctica de la tortura.

Como resultado principal de la actividad del seminario se constituyó un grupo de trabajo nacional interdisciplinario para dar seguimiento a las recomendaciones del Taller, mediante jornadas de reflexión sobre las necesidades de realizar planes de trabajo referentes al tratamiento de las secuelas de la tortura, y la elaboración de un proyecto de creación de un Centro de Prevención, Tratamiento y Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura y sus Familiares.  Para iniciar dicho proyecto el modelo que se tomó como base fue la experiencia del  RCT de Dinamarca; esto debido a la falta de modelos regionales, proponiéndose un equipo integrado por Psiquiatra, Médico General, Enfermera, Psicóloga, Trabajadora Social y personal administrativo.

De esta manera  se nace el Centro de Prevención, Tratamiento y Rehabilitación de las Víctimas de la Tortura y sus Familiares (CPTRT) con apoyo financiero de PRODECA-DANIDA de Dinamarca y se inician las actividades el primero de enero de 1995. El Centro se convierte en la primera organización que asume el apoyo a los sobrevivientes de la tortura y va más allá e incluye también a los familiares de las victimas de tortura dando una atención integral a todo el entorno familiar.

Si bien Honduras venia saliendo de una época difícil durante la década de los 80 que dejo miles de familias afectadas y 82 desaparecidos reconocidos por el Estado de Honduras, la institución enfrenta el primer desafío, la localización y el acceso de los sobrevivientes de la tortura a los servicios del CPTRT. Dicha situación fue superada debido a la credibilidad, ética profesional y compromiso en la lucha por la defensa de los derechos humanos ante las organizaciones populares y la sociedad civil de las y los miembros del personal reclutado.

El segundo desafío fue proporcionar un servicio de excelencia en la atención médica de las personas que consultaban nuestro Centro, la cual se logró conjugando la empatía profesional y las técnicas terapéuticas. 

El tercer desafío fue cómo modificar el modelo profesional ortodoxo y tradicional que no tomaba como incluía la cultura y elementos de la medicina alternativa que podrían ser más aceptables para la población atendida.  Transformarlo en otro modelo más aplicable a la realidad hondureña y articulado a la cultura, tomando en cuenta las organizaciones y redes sociales de cada individuo y comunidad.  Para este efecto fue necesario cambiar la mentalidad del personal hondureño e incorporar una visión holística que sirviera de puente entre la medicina académica y la alternativa, y permitiera brindar atención integral.

Por otra parte, era necesario también que este modelo pudiera ser aceptado en el plano internacional.  El resultado de este enfoque fue una reducción de los costos de la medicina para el CPTRT, aceptabilidad, más acceso al tratamiento y la necesidad de servicios especializados en menor grado.  

La cuarta innovación fue como transformar un Centro que funcionaba como una clínica, en una institución que tomara la prevención como un eje de trabajo.  Se trabajó en el plano internacional promoviendo la prevención como una tarea vital, y, en el plano nacional se comenzó con el sistema carcelario, uno de los más injustos y crueles donde se practicaba con frecuencia la tortura, la cual era ignorada. 

Para el periodo 1997-1998 se logra la transición del CPTRT mediante un mayor enfoque en la prevención, sin descuidar la atención clínica de las personas debido a la importancia de lograr tanto la aceptación por los sobrevivientes como por la sociedad. 

En el proceso de trabajo también se plantea la necesidad de replantear la visión de prevención.  Se promueve la organización de los prisioneros en las cárceles y el movimiento de la no violencia.  Simultáneamente se estimula la creación de un Comité integrado por madres, esposas, abuelas e hijas de prisioneros que apoyara las actividades de rehabilitación en el marco del Programa de Derechos Humanos en las Cárceles.

En Junio 1999, se amplía el horizonte de trabajo del CPTRT con la firma de convenios de cooperación con el Comisionado Nacional para la Protección de los Derechos Humanos CONADEH, con el Ministerio Público (Fiscal General de la República) y la Secretaría de Seguridad, lo que permite hacer una intervención directa a través de acciones de prevención con los actores y protagonistas de violaciones a los derechos humanos. A través de este proceso se gesta una visión diferente de la prevención y en base a los convenios se realiza un trabajo más sólido en las cárceles, se visitan conjuntamente con los fiscales de derechos humanos los centros de detención policial, y se desarrollan seminarios y talleres con el personal técnico, administrativo y de seguridad de las cárceles, así como a Oficiales de alto y bajo nivel de la Academia Nacional de Policía, y  representantes del Sistema Judicial.

Se amplían los horizontes mediante el desarrolla del proyecto educativo que tiene como propósito elevar los valores de respeto, amor y solidaridad en las comunidades indígenas mayormente expuestas a un alto índice de violencia los Departamentos de La Paz, Lempira e Intibucá y se firma un convenio de cooperación con los dirigentes de sus organizaciones, incluyendo la participación de la población indígena en la definición y ejecución de acciones a partir de sus necesidades, demandas, experiencias, conocimientos y recursos con que cuentan.  

En la búsqueda de la calidad y seguimiento constante, durante la séptima fase, se instaura un sistema de monitoreo para evaluar y mejorar el  trabajo, haciendo reflexiones críticas, que  permiten tener una visión de proceso y de futuro.  Se creó una visión de multiplicadores tanto en la parte clínica como en la preventiva y social.

El CPTRT se ha transformado a través del tiempo en la atención integral de las consecuencias de la  tortura en sus sobrevivientes y/o familiares, luego mediante enfoques preventivos con los programas en las cárceles, comunidades desplazadas o amenazadas, sistema policial y sociedad civil en general,  dejando de ser una clínica en el sentido tradicional y actualmente también contribuyendo en el plano nacional mediante la incidencia política y la investigación.

El CPTRT ha ido fortaleciendo poco a poco los convenios y redes de apoyo con las instituciones de la sociedad civil a lo interno del país y a nivel regional. Se reconoce que estas relaciones de cooperación son esenciales para acortar la distancia y el tiempo en este proceso de cambio político, social y espiritual.